CRÓNICA | Un día cualquiera por la emblemática calle de Madrid. Son las cinco de la tarde, cientos de personas pasean y buscan entre las tiendas encontrar alguna ganga. Me dirijo desde El Círculo de las Artes hasta Plaza de España para contemplar la obra realizada por el Ayuntamiento de Madrid para mejorar esta icónica calle.
Mientras camino, me doy cuenta de cómo ha mejorado la circulación entre los peatones, con calles más anchas, menos vehículos contaminando el medio ambiente y nuevas señalizaciones de tráfico. Una obra cuya inversión ha sido de nueve millones de euros y que ha tardado un año en terminarse.

Sin embargo, la contaminación acústica es más que notable. A pesar de solo haber dejado dos carriles para los automóviles, a medida que me adentraba en Gran Vía se podía escuchar el ruido de estos vehículos que, junto al propio ruido del ir y venir de la gente, hacían un poco molesto el pasear tranquilamente por esta calle.
Pero mientras andaba, me fascinó ver que no solo había ampliado la calzada sino que también se habían incorporado nuevos bancos para que los peatones pudieran sentarse. Incluso un viandante que había por allí me afirmo que la Gran Vía a día hoy es mucho que antes de las obras. Un total de 143 bancos para que cualquier persona que circulase por allí pudiera parar para tomar un descanso y contemplar con sus ojos la mítica calle de Madrid.

Desde luego que esta obra de remodelación ha sido todo un acierto por parte del Ayuntamiento de Madrid. Ha convertido a esta calle un poquito más peatonal y ha reducido en gran medida su contaminación.