Un aprendizaje sostenible

CRÓNICA | Una de las grandes características que definen al ser humano, y que lo hacen tan increíblemente fascinante, es la necesidad de superarse a sí mismo. La búsqueda de mejorar cada día, de aprender algo nuevo. Todos hemos escuchado alguna vez la frase “No te irás nunca a dormir sin haber aprendido algo nuevo”, y hemos oído hablar de la agricultura y sus beneficios, pero posiblemente nunca hayamos relacionado ambas cosas en unión. Quizás haya llegado el momento de hacerlo.

Los huertos urbanos son cada vez más conocidos. Los hemos oído mencionar alguna vez de la misma manera en la que oímos hablar de la comida ecológica sin entender muy bien sus beneficios, qué son, y las oportunidades que brindan. Para conocer estos detalles lo mejor que podemos hacer es desplazarnos hasta uno de estos huertos. Concretamente hasta Huertos Azor ubicado a 100 metros de la calle Trato de Argel en Villaverde. Un pequeño rincón de Madrid donde podemos alquilar un terreno para destinarlo al cultivo, tanto en tierra como en diferentes recipientes y estructuras que promueven la reutilización de envases. En estos huertos se cultiva de forma sostenible distintos tipos de hortalizas y plantas aromáticas.

Encontrar uno de estos huertos no es complicado, solo debemos acceder a internet y especificar la localidad en la que nos encontramos. No tardaremos en descubrir que los huertos de este tipo suelen ser de tres tipos: Los huertos que están localizados en la ciudad, alejados del campo; aquellos que están situados en jardines y patios de las residencias; y los huertos urbanos situados en terrazas y balcones de los edificios.

Huertos Azor son huertos urbanos del primer tipo. Acceder a ellos resulta sencillo y, aunque podemos visitarlos a cualquier hora del día, cualquier día, para poder cultivar en ellos debemos pagar una cuota de alquiler.

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Accedemos a través de un camino de tierra delimitado por unas vallas de madera que se abren paso entre la vegetación. Resulta difícil no perder la vista entre todos los factores que llaman la atención, sin embargo, uno resalta por encima del resto; el verdor.

Cada zona está correctamente delimitada y señalizada. Algunos de los cultivos comienzan a dar sus frutos mientras que otros apenas empiezan a despuntar sus tallos. Entre los terrenos encontramos a algunas personas trabajando en sus cultivos. Al preguntarles, todas ellas aseguran que pese a los distintos motivos por los que descubrieron Huertos Azor, ninguno está dispuesto a renunciar a la ya formada costumbre de acudir a cuidar de sus hortalizas. Los beneficios son múltiples, según nos cuentan, porque no solo se sienten en mayor contacto con el medio ambiente y en contra de los productos alimenticios exentos de frescura por el abuso de los conservantes utilizados por las grandes cadenas, sino porque experimentan un mayor compromiso con la naturaleza y su cuidado. Son más conscientes de lo importante que es la conservación del entorno natural y lo útil que puede llegar a ser la reutilización de productos. Todo es aprovechable.

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Entre los asiduos al lugar encontramos a Ana María, una mujer de 43 años de edad, madre de familia, que asegura haber descubierto Huertos Azor un tiempo atrás y, movida por la necesidad de brindar una mejor alimentación a sus hijos, decidió alquilar su propio terreno en el lugar. Es ella quien nos informa que en la página web del lugar encontramos una guía para “novatos” donde se explica qué podemos cultivar y las mejores maneras de hacerlo. En la conversación, Ana María sugiere que esta actividad se ha convertido en el pasatiempo favorito de ella y de sus hijos, que han desarrollado un profundo interés por la naturaleza y una sensibilidad especial hacia ella y, a medida que cae la tarde y la luz que resplandece sobre los cultivos empieza a tornarse más cálida, no resulta complicado entender por qué. El cultivo en huertos urbanos está lleno de aprendizajes, según nos cuenta la mujer, y aunque a veces puede ser frustrante el proceso, los frutos son la mayor recompensa. “Nunca dejas de aprender algo nuevo” dice Ana María a modo de despedida.

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