CRÓNICA | Los parques de Madrid son uno de los grandes atractivos de la ciudad no solo para los turistas, sino también para los propios residentes de la ciudad. Ir a hacer deporte, pasear, leer un libro o simplemente tomar el aire en un entorno natural.
Son una vía de escape a la contaminación de la ciudad, que es más que preocupante, de ahí medidas tomadas por la alcaldesa Manuela Carmena como la de circular a menos de 70 kilómetros por hora durante algunos días en la M-30 y en los tramos de vía interurbana. Sin embargo, toda norma es poca para lo que queda por cambiar.
El Parque del Retiro es el más conocido de Madrid, pero en esta ocasión hemos visitado el Parque del Oeste. Cuenta con aparcamiento de pago, circuito de running, zona de picnic, cafetería, senda botánica y zona deportiva.

Llegamos a través de la línea 3 de metro, pero también se puede ir en línea 6 con parada en Moncloa o en línea 2, 3 o 10 en el caso de parar en Plaza España. Si se desea ir desde Príncipe Pío, se podrá hacer en línea 6, 10 o R. Se puede encontrar más información en la web del Ayuntamiento de Madrid.
Como comentábamos al principio, muchas personas acuden a él para hacer ejercicio al aire libre, especialmente para correr. También utilizan el mobiliario urbano para actividades como abdominales u otros. Una manera de promover el ejercicio en un entorno natural, alejado de la moda actual, esos gimnasios con cuotas elevadas que se pagan para no acudir o esperar a que otras personas dejen libres las máquinas.
Quizás no ha sido el día más adecuado para ir a dar un paseo. La lluvia ahuyentó a las habituales parejas de los bancos y las que se tumban en las explanadas de césped; también a los ancianos que se sientan en los bancos a ver a los animales que viven allí o simplemente la tarde pasar.
Bajo el agua sí que hemos podido encontrar muchas papeleras que, esperemos que como de normal, contenían los restos que permitían ver el suelo limpio de basuras.

Los que sí que han ocupado el parque los últimos meses son los patinetes eléctricos, que ganan espacio a los ciclistas. Rápidos, fáciles de usar y prácticos, pero también peligrosos para los viandantes.
El parque tiene una superficie que casi alcanza las 100 hectáreas y nacía en 1906 tras una iniciativa de Alberto Aguilera, pero tras la guerra civil tuvo que ser reconstruido. Hay que destacar alguno de sus lugares, especialmente el Teleférico, la Escuela de Cerámica, la Ría artificial y Fuente de la Salud, y el Templo de Debod.

