El nacimiento de la sostenibilidad

REPORTAJE | Por el número de manifestaciones en la calle, proyectos urbanos, movimientos de concienciación, campañas de reciclaje, la ampliación de la flota de vehículos no contaminantes y noticias relacionadas con la protección y mejora del medio ambiente, este 2019 se está convirtiendo en el año de la sostenibilidad mundial. Pero nada de esto habría ocurrido sin una historia de producción intelectual y científica que lleva años alertando de la degradación de nuestro planeta, y unos movimientos sociales que han servido de altavoz para concienciar a la población mundial. Hubo un comienzo, un año histórico en la que una persona utilizó por primera vez la palabra sostenibilidad para fererirse a otra forma de producir compatible con la protección del medio ambiente. y asegurara el futuro de nuestro planeta.
En 1987, Gro Brundtland, ex primera ministra de Noruega y jefa de la Comisión por el Medio ambiente y el desarrollo de la ONU, fue comisionada para producir junto a su equipo un documento que expusiera con claridad los peligros y desafíos a los que se enfrentaba el mundo en términos medio ambientales. El informe se llamó “Nuestro futuro común”, aunque se le conoce como “El informe Brundtland”. Aquí, en este informe, fue donde se utilizó por primera vez de forma oficial la palabra sostenibilidad
El informe era claro y contundente. El medio ambiente está en crisis por muchas razones, y ni los políticos, ni las empresas, ni la sociedad civil puede ignorar este problema al que nos enfrentamos.
El informe se hacía eco de numerosos avisos de muchísimos expertos en materias medioambientales que llevaban años alertando de la degradación del medio ambiente y la necesidad de establecer un protocolo de acción colectiva para revertir el problema y proteger y preservar el medio ambiente para las generaciones futuras. Esta acción colectiva es la que define la sostenibilidad.
Este informe define el desarrollo sostenible como “la satisfacción de las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” (Nuestro Futuro Común, 1987, Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo). Según las Naciones Unidas, esta sostenibilidad se tiene que apoyar en tres pilares fundamentales: el desarrollo sostenible de la economía, el de la sociedad, y el de la protección del medio ambiente. Esto significa que la economía no podrá guiarse solo por las lógicas del capital sin tener en cuenta el daño al medio ambiente, la sociedad civil tendrá que adecuar sus acciones cotidianas a las recomendadas para no comprometer los recursos naturales, y las instituciones tendrán que legislar para cumplir con los objetivos y agendas establecidas por la ONU.
Con el fin de concretar los medios para poner en práctica el desarrollo sostenible se celebró en Rio de Janeiro la Cumbre de la Tierra por la sostenibilidad del planeta en 1992, y se volvieron a reunir en 2002 en Johannesburgo, Sudáfrica, para perfeccionar las medidas a tomar tras las lecciones aprendidas desde la Cumbre de la Tierra. Se aprobó el llamado Plan de Aplicación de Johannesburgo, que preveía un enfoque más específico.
En 2012, veinte años después, se vuelven a reunir para volver a reafirmarse en los compromisos adquiridos, esta vez con especial atención a la erradicación de la pobreza y al establecimiento de un marco institucional que realmente permita cumplir con los compromisos de sostenibilidad.
Aunque los logros en cuestiones de sostenibilidad dejan mucho que desear (en los informes de sostenibilidad internacional ningún país consigue el cien por cien de los objetivos marcados), sí que es cierto que poco a poco se están implantando cambios sustanciales. Según la página web www.sostenibilidad.com, realizada por Acciona (www.acciona.com), hay ya países que están consiguiendo un alto grado de implantación de medidas para la sostenibilidad, con los países del norte de Europa a la cabeza. Todas estas cumbres y muchas más que se han celebrado y las que se celebraran tendrán siempre este Informe Brundtland de 1987 como el principio de la lucha por la sostenibilidad de la tierra, ya que supuso el cambio en la mentalidad y concienciación tanto de las instituciones internacionales como de la sociedad civil global. El documento proclamó inseparables las nociones de desarrollo con las de sostenibilidad del medio ambiente y puso la semilla para el comienzo de una gran guerra contra el cambio climático y la destrucción de la naturaleza.